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domingo, 6 de enero de 2008

Ranchos de cartón

Entre los hierros retorcidos de la arsa noche,
cada estupefacto hombre parece una chivera,
cada quien deambula, quebrantando su derroche
de sueño; y transforma en nauseabunda papelera
sus noctámbulos y antiguos deseos de surgir.
Se extinguen las justas aspiraciones de vivir.

Vagos desencantos y esperanzas apagadas
nos emboscan, nos abordan, tratan de descubrir
antiguas emociones de luces engañadas.
Y es que; a todos alguna vez, nos tocará sufrir
crueles desplantes, desmanes, decepciones vanas.
¡Todavía se nos desintegran los mañanas!

En la cruel maraña de este cerro
cada araña ha tejido ya su red,
cada pulga ha aceptado a su perro,
cada río ha saciado ya su sed.

Pero la fuerte lluvia insiste, persiste
en su ataque misilístico de gotas...
y el rancho prácticamente ya no resiste.
Ora el viento sopla, sacudiendo rotas
ventanas de papel. Y el techo de cartón
levanta su sombrero y muestra el corazón.
El primordial y albo encanto de la muerte
ofrece a otra familia un ápice de suerte.

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