Buscar este blog

jueves, 11 de noviembre de 2010

Padre e Hija



Hay una bruma delgada en el aire enrarecido
de la mañana inquieta en tus ojos infantiles.
¿Qué son esas nubes que derraman sus lágrimas
a través de las pupilas que espejaban mi alegría?

Hay un silencio culposo en los labios de la Aurora
que ha rendido ingenuidades, inocencias y desvelos
por amores recubiertos de secretos ruborosos
¿Qué pasó con las muñecas que jugaban con tus manos?

Y mi niña; ¿ya no es niña? ¿Ya no abraza a su papá?
¿Quién turbó con sus encantos tu preciosa algarabía?
¿Quién robó con sus astucias los tesoros de tu risa?
¿A qué hombre debo ir a exigirle que devuelva tu sonrisa?

Hay una bruma delgada en el aire enrarecido
del amanecer inquieto de tus ojos señoriales…
Ven y abrázame, chiquita, y desahoga sobre mi hombro
ese llanto que te amarga y te llena de tristeza

1 comentario:

David dijo...

Respecto a este poema, muy lindo por cierto, creo que cada persona debería dedicar un poema a todas las personas que ama,y quizá a las que no.